Entry tags:
Día 13
I.
Comunidad:
retos_a_lacarta
Fandom: original
Claim: Leslie
Palabras: 282
II.
Comunidad:
retos_a_lacarta
Fandom: original
Claim: Leslie
Palabras: 417
III.
Comunidad:
retos_a_lacarta
Fandom: original
Claim: Leslie
Palabras: 884
Total de hoy: 1583
Total: 15913
Comunidad:
Fandom: original
Claim: Leslie
Palabras: 282
Leslie tiene 21 años y acaba de independizarse. Aun no tiene trabajo estable y su piso es de alquiler. Por el momento. Solo hasta que encuentre algo mejor. Como todos los recién independizados.
Leslie dejó casa de sus padres porque quería probarse a sí misma que era capaz de vivir sola. O esa era la versión oficial. En realidad, dejó casa de sus padres porque no podía soportar sus peleas un día más. Aunque eso significara -como caso extramo- vivir bajo un puente.
Leslie es joven. Bonita, pero no llamativa. Pelo color castaño claro y ojos verdosos. Y unos labios como ella, bonitos, pero no muy llamativos.
Cuando vivía en casa de sus padres, Leslie sabía hacer algunas de las tareas de casa. De esas tareas que sabía hacer, algunas se le daban mejor que otras. Y algunas le gustaban más que las demás. Un claro ejemplo de esto, es el arte de la cocina. A Leslie le encanta cocinar. El calor de los fogones, el ruido del agua hiviendo, el olor de las especias, el sabor de los ingredientes y una buena presentación. Pero a veces, para hacer buena cocina, además de seguir el libro de recetas, hay que tener un don. Y ella, claramente, no lo tiene. Al principio, incluso las recetas más sencillas le salían mal. Con el tiempo ha mejorado y es capaz de preparar algo sencillo comestible, pero tan solo eso. Algo sencillo.
Sin embargo, Leslie es muy persuasiva y en sus ratos libres, practica para mejorar. Quizá algún día llegue a algo toda esta dedicación. O quizá no.
Leslie tiene 21 años, acaba de independizarse y le gusta cocinar. Pero sigue siendo una caja de sorpresas.
II.
Comunidad:
Fandom: original
Claim: Leslie
Palabras: 417
Aquel día había amanecido muy nublado. Muchos pensarían que el día va acorde con su humor. Leslie no era una de esas personas. Inusualmente, se había levantado de muy buen humor, pero no por nada. Aquel día tenía -por fin- una entrevista de trabajo con contrato y no temporal. Toda una novedad en su currículum. El pelo recogido y ropa formal, para dar una buena impresión. Según recordaba, era una gran empresa.
El puesto no era una gran cosa, la verdad. Ser recepcionista no era, ni mucho menos, la ilusión de su vida. Pero el sueldo era aceptable, estaba considerablemente cerca de su casa y el horario era inmejorable.
Salió con tiempo de casa llegando pronto al edificio. En la recepción, una mujer mayor estaba atendiendo varias tareas. A pesar de ser bastante temprano, había varias personas saliendo y entrando del edificio, pero todos estaban en su propio mundo.
Aprovechando la ventaja de haber llegado antes, fue a buscar el despacho dónde tendría lugar la entrevista. Allí, la secretaria le dijo que ya podía pasar, aunque hubiera llegado antes. No se lo esperaba, pero respiró hondo y entró.
Y que fuera lo que Dios quisiera.*Aun no se lo podía creer. Tenía trabajo. La verdad es que sí, le hacía mucha ilusión, pero no guardaba muchas esperanzas al respecto. Era algo raro que le hubieran dado el trabajo siendo la primera que se había presentado, pero no pensaba cuestionar la decisión de la entrevistadora.
Estaba encantada. Como en una nube. Quizá fue por eso por lo que no se fijó en aquel chico que iba un poco entretenido, con prisa y con una bandeja llena de cafés para llevar. Y quizá fue por eso por lo que chocaron. Y por lo que su vestimenta informal quedó empapada de cafés variados. Toda su felicidad se fue por dónde había venido y ni siquiera escuchó las disculpas del chico. Lo único que quería era llegar a su casa para poder limpiar aquellas manchas... Si es que averiguaba cómo. Pero mientras esperaba el ascensor, el chico fue hasta allí. Se llamaba Eric. Le ofreció un poco de ropa de su casa -no vivo lejos- mientras lo lavaba -ya que iba distraído-. Aquello no era del todo verdad, pensó. Ella también iba distraída. Así que en cuanto llegó el ascensor, le agradeció el gesto y se despidió.
Con un trabajo nuevo, una camisa blanca manchada de café y la corta conversación que había tenido con Eric resonando en su cabeza.
III.
Comunidad:
Fandom: original
Claim: Leslie
Palabras: 884
Su primer fin de semana libre. Después de su primera semana de trabajo. Los primeros días, aprendiendo cosas nuevas, sin hacer nada, apuntando y memorizando cosas todo el rato. Después, haciendo pequeñas tareas, fáciles, mientras Ingrid, la recepcionista a la que iba a sustituír cuando se jubilara, hacía las más difíciles. O eso le decían, ya que a ella no le parecían tan difíciles. Pero era lo que había que hacer. Aprender, estar callado, ser bueno y hacer lo que te digan manteniendo la cabeza bien alta y con una sonrisa. Al menos, no había sido del todo malo... Hacía un par de días, mientras estaba tomándose un descanso, se encontró, de nuevo, con Eric. Bueno, sería más correcto decir que él la encontró y le animó el día de perros que llevaba. Charlaron un rato. Él le dijo que la había visto aquella semana cuando entraba a trabajar, pero que no había podido ir a saludarla porque parecía ocupada. Ella se fijó que tenía los ojos marrones y que llevaba lentillas mientras aseguraba que tampoco estaba tan ocupada porque Ingrid hacía muchísimo trabajo -La costumbre de haber trabajado sola tantos años-.
En ese momento, estirada en su cama en su primer domingo libre como recepcionista solo podía pensar en todo el montón de cosas que tenía que hacer y que no le apetecían para nada. Cosas que implicaban caminar. Poner los pies en el suelo. Después de toda una semana -una semana larguísima- de llevar tacones. Más tacones de los que ha llevado en toda su vida. Y simplemente, se rinde, hunde la cabeza en la almohada, se gira y mira al techo con la conciencia gritándole que tendrá que hacerlo tarde o temprano y que por la noche querrá dormir. Sabe que su conciencia tiene razón, pero los pies le duelen más, así que no se mueve.
Estirada en la cama, dormita, lee, se aburre y mira el techo. Conecta el reproductor de música y escucha un poco la radio. Se aburre bastante, pero cualquier cosa que implique poner los pies en el suelo le aterra. Hasta que suena el timbre de la calle y sabe que no va a poder eludir aquello como ha ignorado a su conciencia. Así que, a duras penas, se levanta y poco a poco se acerca al interfono. Domingo por la mañana -que ya es por la tarde- y lo que su conciencia no ha conseguido, lo hace un cartero comercial. Para que luego digan que la publicidad es inútil. De vuelta a la cama, pasa por la cocina y coge algo para sobrevivir durante el día para no tener que volver a moverse en toda la noche de su cómodo colchón. Sabe que tiene mala cara, pero no le importa. No pensaba salir. Si casi no podía moverse -aunque quizá estuviera siendo un poco exagerada-, no iba a salir. Estaba decidido.
Pero una llamada lo cambia todo. A media tarde, la llamada de su amiga May le obliga a vestirse, arreglarse y buscanr unos zapatos que pueda llevar toda la noche porque ha sido formalmente invitada a cenar a su casa. Lo que quiere decir que si no va por su propia voluntad, irá May a buscarla y se la llevará por los pelos. Es así de cariñosa. Por lo que ha dicho en la llamada, parece que es una cita para buscar -buscarle a ella, porque May tiene a su super-novio-maravilloso- pareja. Ya lo ha intentó un par de veces -mientras vivía con sus padres-. Siempre es lo mismo:
"-Ponte guapa, te vienes a cenar a casa.
-Hola, May, cielo. ¿Qué tal? Gracias por la invitación pero...
-No puedes decir que no. Venga, ¿Qué te cuesta? Solo quiero pasar un rato contigo.
-Está bien, iré. ¿Tengo que...
-... venir sola? Sí, tranquila.
-Yo no quería...
-Decirme que no, ya lo sé. Eres un sol. Te veo a las nueve."
Así que ahora tiene que arreglarse para conocer a un tipo seguramente amable, conversar con él durante la cena y esperar que no pase nada malo. Se ducha, se peina, se va a vestir pero se da cuenta que el único vestido que le queda está sin planchar. Nunca se le ha dado bien planchar. Odia planchar. Está dentro de la categoría de 'se me da mal y además no me gusta'. Pero tiene que hacerlo. Por suerte, consigue que quede presentable -a sus ojos- con el tiempo suficiente para coger unas sandalias planas e irse caminando rápido -porque no puede correr, sus pies no se lo permiten- a buscar un taxi.
Llega tarde a la cena. Unos diez minutos. Pero da igual, porque 'la cita' no aparece. Sería un alivio si no fuera porque se ha arreglado y ha aguantado un dolor de pies impresionante para nada. Cuando acaban de cenar, el novio de May le propone llevarla a casa en coche. Y a pesar de que le apetecería mucho no tener que caminar, sabe que lo hace por pura cortesía y que en realidad lo que quiere hacer es otras cosas con May. Así que dice que no y se vuelve a casa de nuevo.
A su querida cama.
A esperar el principio de otra larga semana.
Y, sin saber por qué, se encuentra pensando en si verá a Eric al día siguiente.
Total de hoy: 1583
Total: 15913
| |
15,913 / 20,000 (79.6%) |
